lunes, 8 de mayo de 2017

Aranjuez, franceses, estadística

Voy a Aranjuez. Paseo por los jardines del Palacio Real. Hay mucha gente pues hace bueno. Gente grosera: meten la mano en las fuentes, tiran ramitas a los patos del río, hacen fotos en poses ridículas mientras se ríen. Avanzo un poco más, hay menos y más civilizada: algunos hasta leen. Llego al final, a la península rodeada por el río Tajo, estoy solo como lo pudo estar el Rey Carlos III. El sol del atardecer resplandece el agua del río.

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El autobús 27 pasa cerca del colegio electoral de los franceses en Madrid. Suben tres españoles que han votado: quizá sean hijos o nietos de emigrantes nacionalizados. El más joven ha votado al Frente Nacional. Ante el horror de los otros dos explica que el candidato Macron se casó con una mujer veinte años mayor que él y no ha tenido hijos: es, pues, un tipo sospechoso.

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Paso ante la sede del Instituto Nacional de Estadística. Cada ventana está numerada con un gran número: la 01, la 02, la 03,... Esto me parece bien: el orden ha de comenzar por la propia casa.

martes, 25 de abril de 2017

Nietos, franceses, foso

Comienzo una nueva etapa de mi vida: por primera vez alguien me pregunta si tengo nietos.

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El domingo paso frente al Instituto Francés en Madrid, colegio electoral de las presidenciales. Todo es orden: hay tres puertas, en cada puerta una gran banderola con los electores que votan en cada mesa ("De Arab a Deschamps"), bajo cada banderola una empleada del Consulado, junto a cada empleada una fila de franceses pacientes. Me choco con uno y me sonríe, comprensivo. Entro en una cafetería cercana, todos hablan bajo, todos hablan francés, nadie va mal vestido, nadie habla por el móvil, siento que he vuelto a París.

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En el parque de El Retiro han vaciado de agua el foso de la estatua del general Martínez Campos. Tengo la tentación de saltar dentro y cruzarlo andando, siempre volvería a recordar este día, pero no me atrevo.

viernes, 21 de abril de 2017

Banquera

Me llama para despedirse la banquera que me atendía en el Banco Santander: la llevan a otra sucursal. Está triste. El gesto me emociona. Vivimos en una sociedad brutal, vas siempre a una cafetería, eres amable, un día llegas y la han cerrado, nadie te dijo "adiós" el día anterior. No eres nada para casi nadie, sólo vales los euros que gastas ahí. Que Dios ayude a mi banquera. 

miércoles, 5 de abril de 2017

Mosca, libro, felicidad

Ya limpió el portero el cadáver de la mosca. Me dio pena no volver a verla.

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Leo un libro que leí en el bachillerato, Entre perros y lobos, de Gilbert Cesbron. Me gustó mucho entonces y me vuelve a gustar mucho ahora pese a que en medio han pasado... ¡35 años! Narra la vida de un joven profesor francés de izquierdas, muy crítico con la Guerra de Argelia. Es acusado de cobarde y decide alistarse como oficial del ejército. En medio del horror vuelve a ser cristiano y se hace no-violento. Es condenado a varios años de cárcel.

El valor, la solidaridad, la política, la ética, la amistad, la fe, de todo se habla muy seriamente, intentando llegar al fondo de cada cosa.

Lo que más me ha enternecido ha sido encontrar las anotaciones, con mi letra de los 18 años, corrigiendo errores: "hombres" por "nombres", "ideales de 1889" por "de 1789", "quinceavo" por "decimoquinto". Está claro que ya entones yo era un perfeccionista y que ningún trabajo que hagamos es nunca inútil.  

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Basta con que un día no te duela nada para que seas feliz.

viernes, 24 de marzo de 2017

Libros, mosca, cocina

Leo Orlando, de Virgina Woolf. Algo ha cambiado en mi cabeza. Hace diez o quince años me pareció una novela excelente y ahora me suena artificial.

Leo Los santos van al infierno, de Gilbert Cesbron, sobre un sacerdote obrero francés en los años 50 del siglo XX, antes del Concilio Vaticano. Demasiados discursos, demasiados buenos sentimientos, quizá la gente era mejor entonces. Algo bueno: el afán sincero del sacerdote por servir a Dios y a los demás, quizá de forma errónea. Y también: el conocimiento por todos -incluidos los comunistas- de conceptos como "redención", "comunión de los santos", "gracia": esto ya no existe -al menos en España-.

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Subo las escaleras de casa andando. Murió una mosca y su cadáver yace en el interior de un peldaño, pegado al fondo: sólo lo ves si subes a pie. Ayer me asusté, el cadáver ya no estaba, ¿es qué el portero ha limpiado? Pero no: estaba buscándolo un piso antes.

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Días de depresión culinaria, sin querer cocinar, sólo ensaladas o sándwiches.

lunes, 27 de febrero de 2017

Biblioteca

Voy a la biblioteca pública. Es una biblioteca importante, de las más dotadas en Madrid. Pero está desordenada. Los funcionarios hablan de la compra, del fin de semana, de la familia. Ríen. Busco la obra teatral "Diálogo de carmelitas" de Georges Bernanos. En casa consulté la base de datos, vi que estaba disponible. Pero no está en su sitio, entre "Noche de sábado" de Jacinto Benavente (T.BEN.NOC) y "Dentro de la tierra" de Paco Bezerra (T.BEZ.DEN).  Ahí en medio, en la B, hay obras de Shakespeare, de Ibsen, de García Lorca. Es inútil consultar a los funcionarios habladores. Hubiera bastado una hora de su charla para que todo estuviera ordenado. Me angustio. En la base de datos ponía que la obra sólo está en dos bibliotecas de Madrid: en ésta y en la de Villaverde, un barrio lejano donde antes había muchas noticias de delincuencia. Tengo tiempo. Reviso todo el mueble del teatro, de la A a la Z. "Diálogo de carmelitas" no aparece: puede estar entre las novelas, las biografías o los libros de astronomía. No me parece prudente revisar toda la biblioteca.   

Me llevo "Noche y día" de Virginia Woolf y "Confesiones de una máscara" de Yukio Mishima. No he perdido la tarde.

jueves, 16 de febrero de 2017

Post

Leo el post que publiqué ayer. Desde luego, no es el mejor de mi blog.

Lo escribí sin entusiasmo, por obligación. Me sentía culpable por no haber publicado desde hace mucho. Me puse frente al ordenador, dispuesto a no moverme hasta haber escrito algo. La tarde era invernal templada, ya con mucha luz. Intenté varios temas, ninguno me convencía. El post que salió es mediocre pero podía haber sido mucho peor.

¿Por qué cambiamos? ¿Por qué hace nueve años yo publicaba un post cada dos días y ahora ya no? No es, desde luego, porque ya no me interese la vida cotidiana. Paseo por Madrid y todo me asombra. Pero, no sé por qué, no veo que casi nada sea conveniente para el blog.

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Ya ha florecido el primer almendro.